Hay platillos que trascienden la cocina para convertirse en parte de la cultura. La paella es uno de ellos: una preparación que reúne historia, tradición y convivencia alrededor de una sartén, y que con el paso de los siglos ha logrado conquistar paladares en distintas partes del mundo.
En la Ciudad de México, Fran López ha hecho de esta especialidad española una de las propuestas que distinguen a FRAN Roma, donde la tradición mediterránea encuentra un diálogo con ingredientes y sabores mexicanos.

Un poco de historia de este eblemático platillo español
El origen de la paella se remonta a los campos de arroz cercanos a la Albufera, en Valencia, entre los siglos XV y XVI. Su nacimiento estuvo ligado a la vida cotidiana de campesinos y pastores, quienes preparaban una comida práctica con los ingredientes disponibles en la región: arroz, aves, conejo, verduras, azafrán y aceite de oliva. Todo se cocinaba lentamente sobre leña, una técnica que aportaba un carácter particular al platillo.
Con el tiempo, aquella preparación de origen rural se convirtió en uno de los grandes símbolos gastronómicos de España y en una receta capaz de despertar fascinación entre figuras de distintas épocas.

Uno de sus grandes admiradores fue Ernest Hemingway, cuya relación con Valencia y su gastronomía quedó plasmada en siete de sus libros. El escritor frecuentaba La Pepica, restaurante ubicado en la playa de la Malvarrosa, que también recibió a personajes como los reyes de España y el pintor Joaquín Sorolla.
La paella también forma parte de numerosas historias protagonizadas por figuras del cine y la cultura. Una fotografía del legendario fotógrafo taurino “Canito” muestra a Manolete, Cantinflas y Orson Welles compartiendo una paella. Décadas después, Michelle Obama probó esta especialidad durante su visita a España.
Una tradición que encontró casa en la Roma
La capacidad de la paella para reunir a las personas alrededor de la mesa es precisamente uno de los elementos que Fran López ha llevado a FRAN Roma.

El chef parte de una receta con siglos de historia y la interpreta desde una perspectiva propia, en la que el arroz mantiene el protagonismo, el fondo aporta profundidad y el socarrat se convierte en uno de los elementos esenciales de la experiencia.
A esta base se suma la posibilidad de trabajar con producto mexicano, creando un encuentro entre la tradición valenciana y la riqueza gastronómica de México, sin perder de vista la esencia de la preparación.
Más allá de sus ingredientes y técnica, la paella conserva un componente social que explica buena parte de su permanencia. En Valencia existe incluso la expresión “anar de paella”, utilizada para describir el acto de reunirse para compartir este platillo.
La paella, un motivo para sentarse a la mesa
Esa misma idea se traslada a FRAN Roma, donde la paella se convierte en un motivo para sentarse a la mesa, conversar y prolongar la sobremesa.
Fran López no busca únicamente reproducir una receta histórica. Su propuesta parte del respeto por una tradición que ha viajado de generación en generación para construir una interpretación propia en la Ciudad de México.

Pero además se puede disfrutar de algunas entradas antes de disfrutar del plato principal que es la paella y compartirir, empezando con unas croquetas de jamóm serrano, de una ensalda con atún, una pasta o un corte de carne con papas fritas y para cerrar un rico postre como un volcán de chocolate.

Y en la parte de los vinos, acompañar los alimentos con un vino mexicano, de los Viñedos San Miguel, ubicado cerca e San Miguel de Allende, Guanajuato abrir con un rosado y acompañar la paella con un tinto.

Así que la paella encuentra en la colonia Roma un nuevo escenario para continuar su historia: una mesa mexicana en la que el arroz, el fuego y la convivencia mantienen vigente una de las preparaciones más emblemáticas de la gastronomía española.












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