El cine documental chileno perdió a una de sus figuras más importantes. Patricio Guzmán, realizador cuya obra estuvo marcada durante más de cinco décadas por la memoria, la historia y las heridas de su país, falleció el 15 de septiembre de 2026, a los 85 años, en París, a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.
Su nombre quedó ligado para siempre a “La batalla de Chile”, una monumental trilogía documental realizada entre 1975 y 1979 que registró el gobierno de Salvador Allende, la crisis política que vivía el país y el golpe militar de 1973. La obra se convirtió en uno de los grandes referentes del cine documental latinoamericano y en un testimonio fundamental de la historia contemporánea de Chile.
Nacido en Santiago en 1941, Guzmán comenzó su formación cinematográfica en el Instituto Fílmico de la Universidad Católica de Chile y posteriormente estudió en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid. Sus primeros trabajos fueron cortometrajes experimentales y de ficción, pero pronto encontró en el documental el lenguaje que definiría su carrera.
A principios de la década de 1970 comenzó a registrar la transformación política y social que atravesaba Chile. Con una cámara cercana a las calles, sindicatos, organizaciones sociales y protagonistas de aquel periodo, Guzmán construyó un registro directo de los acontecimientos que terminarían desembocando en el golpe militar.
Después del golpe de Estado, fue detenido y trasladado al Estadio Nacional. Tras recuperar la libertad, partió al exilio. Parte del material que había filmado logró salir clandestinamente de Chile y llegó a Cuba, donde comenzó el proceso de edición de “La batalla de Chile”, una obra que posteriormente tendría una amplia repercusión internacional.
El exilio no significó alejarse de Chile. Por el contrario, desde Europa Guzmán hizo de la distancia una herramienta para regresar constantemente a la historia de su país. En películas como “Chile, la memoria obstinada”, “El caso Pinochet” y “Salvador Allende”, volvió sobre personajes, acontecimientos y recuerdos para explorar cómo el pasado continúa influyendo en el presente.
Durante sus últimos años desarrolló una de las etapas más poéticas de su filmografía. “Nostalgia de la luz” (2010), “El botón de nácar” (2015) y “La cordillera de los sueños” (2019) formaron una trilogía en la que el paisaje chileno se convirtió también en un espacio para hablar de memoria, desapariciones, identidad y heridas históricas. Sus películas demostraron que el documental podía combinar investigación, reflexión política y una profunda sensibilidad cinematográfica.
Su última gran película, “Mi país imaginario” (2022), abordó el estallido social chileno de 2019 y volvió a colocar la cámara frente a una sociedad en transformación, mostrando especialmente el protagonismo de las mujeres en aquellas movilizaciones.
A lo largo de su carrera recibió reconocimientos en algunos de los principales festivales internacionales y, en 2023, obtuvo el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales de Chile, uno de los máximos reconocimientos culturales de su país.
Con su muerte desaparece un cineasta fundamental, pero permanece una filmografía que convirtió la memoria en una forma de resistencia. Patricio Guzmán entendió el documental no solamente como una manera de registrar la realidad, sino como una herramienta para preguntar, recordar y evitar que la historia desaparezca. Su cámara hizo de Chile el escenario de una obra que terminó hablando al mundo.
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