Tom Cruise volvió a las salas de cine con Digger, una de las apuestas más inesperadas de su trayectoria y, también, una de las películas que más ha dividido a la crítica en lo que va de 2026. Dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu, la cinta se aleja de las grandes secuencias de acción que han marcado los últimos años de Cruise para apostar por una sátira oscura sobre el poder, la ambición y la crisis ambiental.
En la película, Cruise interpreta a Digger Rockwell, un excéntrico magnate petrolero cuya actividad provoca una catástrofe ambiental de dimensiones globales. El personaje representa la arrogancia de un hombre acostumbrado a controlar todo a su alrededor y que, de pronto, debe enfrentarse a las consecuencias de sus propias decisiones.
Un Cruise diferente
La propuesta llamó especialmente la atención por tratarse de un Cruise diferente. El actor aparece bajo un elaborado trabajo de maquillaje y prótesis y construye un personaje exagerado, incómodo y alejado del héroe de acción que el público identifica con Mission: Impossible o Top Gun. Para algunos especialistas, precisamente ahí está uno de los mayores aciertos de la cinta.

Hay quienes consideran que su interpretación se encuentra entre las mejores de su carrera reciente. Algunos críticos incluso han destacado la transformación física y la libertad con la que Cruise se permite llevar al personaje hacia terrenos casi caricaturescos.
Opiniones divididas
Sin embargo, la película no ha tenido una recepción unánime. Su combinación de comedia negra, sátira política, drama y elementos apocalípticos ha provocado opiniones radicalmente distintas. Mientras algunos la califican como una propuesta audaz, visualmente poderosa e impredecible, otros consideran que Iñárritu llevó sus ambiciones demasiado lejos y que el resultado termina siendo pretencioso, irregular y difícil de conectar con el espectador.
Uno de los principales puntos de controversia es el giro narrativo de la segunda mitad, que modifica la percepción de todo lo ocurrido hasta ese momento. Para algunos, esta decisión convierte a Digger en una reflexión más profunda sobre el papel del arte y la sátira frente a las grandes crisis contemporáneas; para otros, termina debilitando la historia y alejando al público.
La división también se refleja en las cifras: Digger registra actualmente 51% entre los críticos y 71% entre la audiencia en Rotten Tomatoes.










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